Los Intocables

Escrito por Melanie Hemry el . Posteado en August2012

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«Mickey, es hora de ir a la cama». :: Las imágenes televisivas tenían tan hipnotizado a Mickey Whitehead, de 10 años, que no podía escuchar las palabras de su bisabuela. Sus ojos brillaban de emoción mientras respiraba agitado, y estremecido por los agujeros que causaban los disparos de las ametralladoras en los automóviles, y por los muertos que caían en las aceras. Los intocables no era sólo un programa televisivo para Mickey. Era la vida que deseaba vivir.

Mickey parpadeó sorprendido al ver que la pantalla se apagó.

«¡Te dije que era hora de ir a la cama!», exclamó una vez más su bisabuela, mientras permanecía en pie en la habitación con las manos en la cintura.

Mickey fue a la cama, pero no se fue a dormir. Su imaginación volaba visualizándose como una estrella de la televisión. A diferencia de la mayoría de niños de Norteamérica, no soñaba con convertirse en Eliot Ness, el agente que le puso fin a la carrera delictiva de Al Capone. Y tampoco quería ser como Al Capone, el gánster de Chicago quien tuvo envuelta a la ciudad en sangre durante la década de 1930.

Ya sea en su cama o soñando despierto en la escuela, Mickey siempre quiso ser Frank Nitti o “El Ejecutor”, el primo de Al Capone, y uno de sus principales secuaces dentro de la organización delictiva. No era una fantasía temporal, pues en lugar de incrementar su obsesión de convertirse en Nitti, adoptó el papel del ejecutor en su vida.

A los 13 años, dio su primer paso en la vida criminal al unirse a una violenta pandilla, y al comenzar a consumir drogas y alcohol. Un año después, dio su segundo paso: igual que Frank Nitti años atrás, Mickey emigró de su casa en Ohio al lugar donde en realidad soñaba estar —Chicago—.Al cumplir 15 años, Mickey cometió su primer crimen al robar en una cooperativa de ahorros y préstamos. Antes de ser arrestado fue extraditado a Ohio donde cumplió su condena en una correccional para menores. Pero la historia no termina ahí. Al salir libre, continuó con su vida delictiva.

Mickey Whitehead, podía ser muchas cosas menos un delator. Cuando un policía le ofreció US$100 a cambio de información de alguien que estaba bajo investigación, Mickey tomó el dinero y fue a advertirle a esa persona. Poco tiempo después, el policía fue asesinado y culparon a Mickey Whitehead de un crimen que no cometió.

En aquel entonces ser culpado del asesinato de un policía era como firmar su propia sentencia de muerte.La policía lo detuvo, lo esposó y lo colocó en la parte de atrás de la patrulla, y de pronto se produjo un tiroteo. Semejante a una escena de Los Intocables. Mickey tenía una pistola, y comenzó a disparar desde la patrulla. La policía detonó 34 disparos contra la camioneta, hiriendo a Mickey cuatro veces: Una vez, justo entre los ojos, otra en su oreja derecha y dos veces en su brazo. Al abrir la puerta se percataron que aún seguía vivo, entonces uno de los oficiales le apunto a la cabeza. Mickey le hizo una mirada retadora mientras el policía halaba el gatillo.

¡Click!

El arma se había quedado sin balas.

Armas de guerra

Mickey nos explica: «Fui arrestado y enviado a la penitenciaría en 1972. Cumplí una condena de 13 años y salí en 1985. Sin embargo, no había cambiado. Estuve libre exactamente 20 días, antes de estar de vuelta. No quería pasar el resto de mi vida en prisión, pero parecía que lo haría. Incluso en libertad, no creía lograr permanecer libre».

De vuelta en la prisión, Mickey comenzó a ver el programa televisivo de Kenneth Copeland.

Mickey declara: «Me sentí identificado con el hermano Copeland; por tanto, le escribí una carta donde le explicaba mi situación. Y recibí otra en la cual, él me dijo que tuviera fe en Dios. A causa de esa carta, le entregué mi vida a Jesús».

Los próximos cinco años, Mickey invirtió la mayoría de su tiempo leyendo el Nuevo Testamento de día y de noche.

Mickey explica: «No jugaba cartas ni dominó. Invertía mi tiempo leyendo la Biblia y estudiaba todos los materiales que me enviaba el hermano Copeland y el hermano Kenneth Hagin. Nadie debía convencerme de que tenía una vida pecaminosa, pues vivía una vida llena de maldad. Sin embargo, en la Biblia se afirmaba que ya era ¡una nueva criatura en Cristo! ¡La justicia de Dios en Cristo! Durante esos cinco años, desarrollé mi fe para creer que recibiría mi libertad, y que esta vez permanecería en libertad».

En 1990, Mickey fue puesto en libertad. En su segundo día como hombre libre estaba en el apartamento de su madre cuando algo atrajo su mirada. En la esquina, observó un demonio. Inseguro de lo que hacía, llamó al único cristiano que conocía, su tío Lewis, quien además era predicador.

Su tío exclamó: «¡Demonios, no se metan con ellos! ¡Salgan de esta casa ahora!».

Mickey, sorprendido de su reacción ante esa situación, admitió: «¡Salí corriendo de ahí! Sí yo, —El Ejecutor— ¡Huí! Había sido un hombre violento, pero no tenía ningún arma que funcionara contra ese espíritu. ¡Esa cosa parecía un monstruo! Cuando mi tío Lewis me volvió a llamar, me dijo que buscara la forma de acercarme a una iglesia, ¡fui lo más pronto posible!». Mickey llegó a la iglesia a la hora del estudio bíblico de medio día. Al finalizar, se acercó al pastor y le explicó lo que sucedió. El pastor llevó a Mickey a su oficina, donde oró para que Mickey recibiera el bautismo del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas.

El pastor le afirmó: «¡Listo!».

Y partir de ese momento, Mickey salió —equipado con las armas que necesitaba para ganar las batallas espirituales—.

Una nueva manera de vivir

Mickey relata: «Cuando salí de prisión, se volvió todo un problema ser cristiano. Creía todo lo que estaba escrito en la Biblia, pero no tenía idea de cómo funcionaban los principios de fe. Por ejemplo, no tenía trabajo ni dinero; por consiguiente, decidí comprar un automóvil por fe. Un sábado por la tarde, extendí un cheque para comprar el nuevo Lincoln Town, orando a Dios que hubiera dinero en mi cuenta ¡para el lunes!».

«No tuve el automóvil más que un par de horas, pues el concesionario descubrió que el cheque no tenía fondos. Me llamaron y me pidieron que lo devolviera».

Mickey le explicó su situación al pastor, él lo ayudó a entender que esos principios espirituales, no funcionaban de la manera en que Mickey los interpretaba. Luego, a causa de que Kenneth Copeland dijo que había estudiado bajo la influencia de Oral Roberts y Kenneth Hagin; Mickey decidió estudiar bajo la influencia de esos dos hombres de Dios, quienes le enseñarían cómo apropiarse de la Palabra de Dios.

Durante sus años en la prisión, Mickey había leído en la Biblia que quien halla esposa, halla el bien. Así que oró pidiéndole a Dios una esposa a quien amar, y con quien compartir el resto de sus días. En 1994, mientras trabajaba en el área de la construcción, vio  pasar a una mujer.

Y le dijo a su compañero de trabajo: «¡Mira! ¡Ahí va mi esposa!».Mickey estuvo detrás de esa mujer dos meses, hasta que por fin estuviera de acuerdo con salir con él.

Mickey expresa: «Cuando Dios me mostró a mi esposa, supe que tenía sentido del humor, pues su nombre es Minnie».

Mickey y Minnie se casaron en diciembre de 1994, y poco tiempo después, fue llamado a pastorear una iglesia.

Mickey explica: «Haciendo una retrospectiva, me di cuenta que Dios me había llamado al ministerio, mientras estaba en prisión. Estaba impactado, pues si yo fuera Dios ¡No me hubiera escogido a mí mismo! Seguí siendo colaborador con KCM, asistiendo a todas las convenciones que podía, y aprendiendo a vivir por fe».

Liberando la compasión

Además de liderar una congregación, ministraba a los niños de la calle, quienes estaban involucrados en vidas delictivas. Las cosas que Mickey sufrió le pusieron en su corazón, ayudar a los niños con ese tipo de problemas. De 127 jóvenes a los que ayudó, sólo dos regresaron a la cárcel.

Mickey expresa: «Usted no le puede decir a un niño que gana US$50,000 vendiendo drogas que renuncie para trabajar en McDonald’s ganando el mínimo. Sin embargo, si les muestra el gozo y la prosperidad que hay en Cristo, lo escucharán».

«Mi sueño es colocar una valla publicitaria, dirigida a los niños, que diga: ¿ESTÁS EN PROBLEMAS? Llámanos al 1-800-SOMEPLACE. Para cuando ellos llamen, enviarles un equipo de ministros; a din de que los trasladen a algún lugar donde estén a salvo. Ese lugar sería un lugar de refugio, un lugar lejos de sus depredadores, donde se les despierte el deseo de ser niños».

Cuando Mickey Whitehead enfocó su vida en el crimen, cumplió sus metas con tenacidad y pasión. Y ahora con su mirada puesta en el Reino de Dios, hizo lo mismo. Como un paso de determinación, en el año 2003 ingresó al Centro de Entrenamientos Bíblico Rhema en Tulsa, Oklahoma.

Mickey expresa: «Como colaborador de KCM, durante años aproveché la unción de este ministerio. He disfrutado de las enseñanzas, que son incomparables, y la oración. Pero lo que tuvo mayor significado para mí, fue la compasión que KCM me mostró cuando estuve en prisión. El regalo más grande que recibí de Kenneth Copeland fue que me enseñó a creer que podía salir de prisión, y permanecer libre. Y es a través de KCM que he recibido la fe para vivir así».

Hoy, Mickey Robert Whitehead, es el obispo principal del Programa mundial Compassion, un ministerio con la misión de llevar la compasión de Jesús a un mundo herido: por medio de compañerismo, tutorías, ministerios e iglesias. Ahora, no sólo es pastor de una iglesia, sino de una red de iglesias con una visión en común. Creyendo que las riquezas del impío le pertenecerán a los justos; el obispo Whitehead no se sorprendió cuando Compassion recibió un fondo de desarrollo económico de US$180 millones y luego éste se volvió un centro de distribución.

El intercambio de bando

El reino de las tinieblas sufrió el más grande golpe cuando Mickey Whitehead se salió del bando del diablo. Furioso de haberlo perdido, el enemigo intentó en numerosas ocasiones eliminarlo.

En una ocasión, mientras conducía por la carretera, su automóvil chocó con un tráiler. En otra oportunidad, conduciendo solo por la carretera, su vehículo fue impactado en la parte trasera por un camión que iba a 112 kilómetros por hora.

Mientras fungía como capellán, en la zona cero, en Nueva York después de lo sucedido el 11 de septiembre, Mickey comenzó a sentir dolor de espalda. Cuando llegó a casa se le diagnosticó una enfermedad incurable llamada: Fibrosis retroperitoneal idiopática. Los especialistas querían prolongar su vida por medio de métodos médicos drásticos, pero Mickey les dijo: «No, Dios me sanará», y Él lo hizo.

En otra ocasión, estuvo tan expuesto a monóxido de carbono que sólo le daban 18 minutos de vida. Pero Mickey afirmó: «Si Dios no se ha dado por vencido, yo tampoco. No voy a darme por vencido, ni voy a desistir, ni sucumbir».

A principios del año pasado, Mickey comenzó a experimentar síntomas extraños que lo llevaron a la emergencia del hospital. Ahí, un médico le explicó que sufrió una embolia masiva, y que debido a que ya habían pasado más de cuatro horas desde la aparición de los síntomas; no había nada que pudiera hacer para revertir el daño. Además añadió que con terapia podía mejorar un poco, pero que debía que acostumbrarse a vivir con las limitaciones de la embolia.

Como resultado de la embolia, Mickey quedó en estado vegetal. No podía caminar, ni hablar, ni estar en pie, y mucho menos leer.

Por primera vez en muchos años, él se sintió sobrecogido por el temor.

Él era un hombre de fe, y la fe se activa por medio de las palabras. Sin embargo, ¿cómo iba  a vivir por fe si no podía hablar?

Entonces, recordó: Mi espíritu humano puede hablar.

Forzando sus labios, su ser interior habló:

Señor, si aún tengo que trabajar para Ti, necesito hablar.

Cinco minutos después, pronunció una palabra.

Señor, si puedo hablar, entonces puedo caminar.

Y 15 minutos después, estaba caminando.

Durante los siguientes dos meses, Mickey escuchó las enseñanzas de sanidad de Gloria Copeland, y se esforzó por repetir cada verdad que ella decía. Día a día, luchó por estar en pie y caminar.

En julio, Mickey y Minnie condujeron 14 horas, de Ohio a Texas, para asistir a la Convención de creyentes del Suroeste en Fort Worth.

Mickey pertenece a un grupo, creciente, de cristianos que saben que ningún arma forjada puede prosperar contra ellos. Para el diablo y sus secuaces, ellos son: Los Intocables.

Hoy, el obispo Mickey Robert Whitehead es quien Dios lo llamó a ser, es decir, lo que el enemigo intentó destruir. Cuando se trata de la Palabra, él es “El Ejecutor”. VICTORIA